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MINISTERIOS
 
 
¿Cuándo debemos recitar la bendición?

Debemos recitar la Brajá antes de comer cualquier alimento, sea cual fuere la cantidad que consumamos. Los alimentos tienen distintas bendiciones de acuerdo a su precedencia. Hay una bendición para los frutos que crecen en la tierra, otra para los frutos de los árboles, otra para alimentos genéricos, otra para los alimentos elaborados con harinas y una bendición especial para el pan y otra para el vino.

Existen también bendiciones para después de la comida. Estas se dividen en tres grupos: el Birkat Hamazón, que es la bendición de gracias después de haber comido pan; Brajá Meein Shalosh, que se recita luego de haber comido alimentos de importancia especial y Boré Nefashot, que es la bendición posterior para los alimentos genéricos.

Los MINISTERIOS en la R.C.C.

Curso elaborado por: Luis Alberto Amico RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA de PERÚ

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Objetivos del curso:
Tomar conciencia sobre la necesidad de:
Discernir y desarrollar nuestros carismas, relacionándolos con los ministerios en los que nos corresponde ejercerlos, a fin de ponerlos al servicio del Cuerpo de Cristo.
Implementar los diversos ministerios en nuestros grupos de oración, como medio para realizar más plenamente nuestra misión individual y comunitaria y así alcanzar la plena madurez en Cristo.
Dar criterios y pautas prácticas para organizar los diversos ministerios que cada comunidad requiere.
Contribuir al fortalecimiento como organización de la RCC.
Metodología del curso:
Se buscará combinar lo expuesto aquí con ejemplos prácticos aportados por el ponente. Para ello, se aconseja que se invite a ponentes con amplia experiencia en la RCC, no sólo en su propio grupo de oración, sino que conozcan la realidad de otros lugares. Al finalizar cada tema, pueden hacerse Talleres o compartir preguntas por grupos. Es bueno que se incentiven las preguntas por parte de los participantes del curso.

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Tema 1
EL SERVICIO
Objetivo del Tema:
Establecer que el servicio es la forma de vida propia del cristiano, y que no puede haber otra. Destacar la necesidad de tener un auténtico espíritu de servicio.

Enseñanza
«5 Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada. 6 El que no permanece unido a mí, es arrojado fuera, como las ramas que se secan y luego son amontonadas y arrojadas al fuego para ser quemadas.

7 Si permanecen unidos a mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo tendrán. 8 Mi Padre recibe gloria cuando producen fruto en abundancia, y se manifiestan como discípulos míos.

9 Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor. 10 Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en práctica los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa.

12 Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. 13 Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15 En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre.

16 No me eligieron ustedes a mí, fui yo quien los elegí a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. 17 Lo que yo les mando es esto: que se amen los unos a los otros» (Juan 15).

«LA GLORIA DE MI PADRE...»
El capítulo 15 del evangelio de San Juan nos da una muestra de lo que Cristo espera de aquellos que buscan seguirle. Aquí, Jesús nos habla del servicio, unido al amor y al dar fruto. Es que el amor no sólo es cuestión de palabras bonitas o de gestos simbólicos. Para Jesús, amar es “dar la vida” por el otro (v. 13). Amar es cosa seria.

Cuando servimos, y lo hacemos con amor, este servicio produce abundantes frutos, y eso es lo que quiere el Señor: fruto abundante (v. 5, 8 y 16), para que así demos gloria al Padre. El fruto es el signo de la madurez de una planta y lo es también del cristiano. Podemos saber que un cristiano está alcanzando su madurez en la fe, no porque habla o canta bien, ni porque llama la atención, como una flor, sino porque da frutos; y los principales frutos, para Jesús, son:

– La unidad: «El que permanece unido a mi, como yo estoy unido a él...» (v. 5). El discípulo de Jesús no sólo debe estar en contacto con él. Debe estar unido a él. Cristo es quien nos da la fuerza, la unción. Es quien nos da la vida que transmitimos a los demás. Esto significa tener una relación muy estrecha con él.

– El amor: «Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros...» (v. 12). «Lo que yo les mando es esto: que se amen los unos a los otros» (v. 17). Ese amor se expresa en comunidad, no viviendo aisladamente, buscando únicamente satisfacer las propias necesidades. El verdadero amor se da y se comparte.

– El servicio comprometido: «Mi Padre recibe gloria cuando producen fruto en abundancia, y se manifiestan como discípulos míos» (v. 8). «Nadie tiene más amor que quien da la vida por sus amigos» (v. 13). El amor se proyecta hacia los demás. Se involucra y compromete, no es indiferente ni ocasional.

– La fe: «Si permanecen unidos a mí... pidan lo que quieran y lo tendrán» (v. 7). «...Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre» (v. 16). La fe está muy relacionada al servicio, pues gracias a ellas podremos vencer los obstáculos que surjan al intentar cumplir nuestra misión.

– La alegría: «Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa» (v. 11). El servir al Señor y a nuestros hermanos no tiene que ser tomado como un sacrificio, más bien debe ser para nosotros motivo de gran alegría y satisfacción, pues sirviendo me estoy realizando como persona y como cristiano.

– La fidelidad: «Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en práctica los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (v. 10). Aquí, la fidelidad es una conjunción de obediencia y perseverancia. Nótese que para Jesús, perseverar no es mantenerse firme penosamente en medio de los sufrimientos, o llevar una vida llena de sacrificios sin retribución alguna, sino que es simplemente “permanecer en su amor”.

De la servidumbre al servicio
La historia del pueblo de Dios nos enseña que éste vivía en la esclavitud en Egipto, viviendo una cruel servidumbre: «Los egipcios esclavizaron cruelmente a los israelitas» (Ex 1, 13). Este trabajo obligado era indigno para el pueblo que el Señor había elegido. Pero Dios los libró de dicha servidumbre, convirtiéndolos nuevamente en personas libres. Pero, ¿para qué los hizo libres?

«Libraré a mi pueblo del yugo de la esclavitud y no volverá a ser esclavo de extranjeros. Y me servirá a mí, su Señor y Dios» (Jr 30, 8–9). «Y éste es el juramento que había hecho a nuestro padre Abraham: que nos libraría de nuestros enemigos, para servirle a él sin temor alguno» (Lc 1, 73–74). «Una vez libres de la esclavitud del pecado, ustedes han entrado al servicio de una vida de rectitud» (Rm 6, 18). Dios convirtió nuestra servidumbre en servicio. Somos libres para servir al Señor, no para otra cosa. Además, el servicio mismo es liberador y es la mejor forma de mantenernos libres.

El servicio en comunidad
Con líderes maduros, tendremos comunidades maduras. Las comunidades maduras son aquellas en las que cada uno de sus miembros ha descubierto qué “rama” de la vida es; es decir, cómo y dónde quiere Jesús que le sirvamos, y habiéndolo descubierto, se ha puesto a trabajar comprometidamente para la construcción del Reino de Dios.

Esta es la voluntad de Cristo: «Ustedes saben que quienes figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus dirigentes las oprimen. No debe ser así entre ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, que sea su servidor; y el que quiera ser el primero entre ustedes, que sea esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos» (Mc 10, 42–45). Jesús mismo se pone como ejemplo de servidor. Si él lo hizo, nosotros, que nos llamamos discípulos suyos, no podemos menos que hacer lo mismo: «El que dice que está unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo» (1 Jn 2, 6). En ese sentido, quería que sigamos su ejemplo: «Mi Padre no cesa nunca de trabajar, por eso yo trabajo también todo el tiempo» (Jn 5, 17).

En un Grupo de Oración o comunidad cristiana, el ambiente más adecuado para desarrollar permanentemente nuestro servicio son los ministerios. Cuando servimos así, en equipo, tenemos, como lo dice Pablo, «los mismos sentimientos que corresponden a quienes están unidos a Cristo Jesús» (Flp 2, 5).

Nosotros somos administradores de los dones y gracias de Dios, y es nuestro deber emplearlos al servicio de nuestros hermanos: «Cada uno ha recibido su don; póngalo al servicio de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que lo haga conforme al mensaje de Dios; el que realiza un servicio, hágalo con la fuerza que Dios le ha concedido, a fin de que en todo Dios sea glorificado por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por siempre. Amén» (1 Pe 4, 10–11). No sólo digamos: “Gloria a ti, Señor”. Démosle la debida gloria al Señor sobre todo con nuestros frutos (Cf. Jn 15, 8).

Servicio y santificación
Los líderes de una comunidad deben trabajar básicamente para una cosa: para que todos los miembros del Grupo conozcan a Jesucristo, se santifiquen y así, alcancen su salvación.

Todo cristiano debe ser consciente de que su vocación es la santificación (Cf. 1 Tes 4, 3). El que no aspire a santificarse, no podrá ser un discípulo de Cristo. Pero, ¿cómo obtendremos la santidad?

La santidad pasa, ineludiblemente, por el servicio consagrado a Dios y a nuestros hermanos. La diferencia entre unos y otros será, entonces, en la forma en que el Señor quiere que nos santifiquemos, es decir, la manera concreta en que quiere él que le sirvamos. Cada santo que conocemos y que admiramos, alcanzó la santidad precisamente siguiendo fielmente el plan de Dios para su vida, sin sustituirlo por uno propio y personal.

Preguntas para el taller:
¿Por qué es que recibimos más del Señor cuando servimos?
¿Cuántas veces me he sentido «usado» por el Señor o por los demás al realizar un servicio? Cuenta tu experiencia.
¿Por qué el servir me convierte en una persona más libre?

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Tema 2
¿QUÉ ES UN MINISTERIO?
Objetivo del Tema:
Presentar los Ministerios como una manera concreta de organizar nuestro servicio, realizado en comunidad.

Enseñanza:
1. ¿QUÉ SON LOS MINISTERIOS?
La palabra griega diaconía (propiamente: “el servicio en un banquete”), se utiliza en la Biblia indistintamente con el significado tanto de servicio como de ministerio. La expresión latina “ministrare”, significa, precisamente, servir. “Ministerio” en el Nuevo Testamento quiere decir servicio. La Palabra de Dios resalta la importancia del ministerio al servicio de la salvación (cf. 2 Co 11, 14–15), del evangelio (Ef 3, 5–7; Col 1, 23), y de la nueva alianza (2 Co 3, 6).

Hay dos formas de enfocar nuestro ministerio. La primera, de manera personal. En este sentido, nuestro ministerio es nuestro servicio, nuestro apostolado, el encargo o misión que hemos recibido del Señor; como por ejemplo, la enseñanza, la música, el pastoreo, la intercesión, el apostolado de enfermos, el servicio de ambientación, la predicación, etc. Todo esto puede considerarse como nuestro ministerio personal o apostolado. Es muy importante que todos tengamos muy claro cuál es el ministerio que hemos recibido del Señor.

En el plano comunitario, es decir, dentro de un Grupo de oración o una comunidad cristiana, un ministerio es un equipo de hermanos de la comunidad que, compartiendo un mismo carisma, y de manera permanente y comprometida, realizan un servicio o una tarea específica dentro o fuera del grupo de oración, como parte de su crecimiento personal y comunitario.

– Es un equipo, porque trabajan de una manera conjunta, coordinada, comunitaria, no de una manera aislada ni individualista, sin buscar protagonismos de nadie, en donde el aporte de todos sus integrantes es importante.

– Son hermanos de la comunidad, porque comparten la fe en un mismo Señor, Jesucristo, se identifican con el grupo de oración y son miembros comprometidos, habiendo sido sus carismas discernidos, reconocidos y ungidos por la misma comunidad.

– Compartiendo un mismo carisma, pues deben tener en común un mismo carisma o tener carismas afines que se complementen. Ello hará que tengan una misión y una mística compartida. Cada uno debe formar parte del ministerio que corresponde al carisma que ha recibido.

– De manera permanente y comprometida, porque no se trata de una labor ocasional y temporal. Exige tiempo, dedicación y hasta sacrificio de nuestra parte. Sin entrega ni compromiso, no podremos hablar de ministerio.

– Un servicio o tarea específica, porque la labor de todo ministerio tiene que estar debidamente delimitada para así tener claros sus objetivos y metas. Si hacemos “de todo un poco”, terminaremos sin hacer nada bien.

– Dentro o fuera del grupo de oración, pues si bien la labor del ministerio se dirige preferentemente a la propia comunidad que integran, puede además proyectarse al resto de la comunidad eclesial (parroquia o diócesis). El ministerio de música, por ejemplo, se encarga de crear un clima de alabanza dentro de la reunión de oración, pero además, podría apoyar en la liturgia dominical. El ministerio de enseñanza, se ocupa de la formación de la asamblea, pero puede proyectarse además a la parroquia formando equipos de catequesis de primera comunión o confirmación.

– Como parte de su crecimiento personal y comunitario, pues el ejercicio de nuestros carismas, de una manera responsable, dedicada, con amor y espíritu de servicio, producen un crecimiento y madurez en la persona y en la propia comunidad, y producen nuestra santificación.

2. VARIEDAD DE LOS MINISTERIOS
La manifestación y desarrollo de los carismas en nuestro grupo de oración son un signo importante de que está actuando el Espíritu Santo, que lo guía y llena de su gracia: «Del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros, aun siendo muchos, forman un solo cuerpo, así también Cristo.» (1 Co 12, 12).

Por una acción misteriosa, cuando el Espíritu Santo actúa en el Cuerpo de Cristo –la comunidad eclesial–, los carismas manifiestan la UNIDAD en la DIVERSIDAD. Esto quiere decir que, habiendo muchas personas en una comunidad, en que cada una realiza una función diferente, todas trabajan para el bien de todo el cuerpo, y así toda la comunidad crece unida y fuerte.

En el Cuerpo de Cristo no todos hacen ni deben hacer lo mismo. Unidad no significa uniformidad. La diversidad, cuando es fruto de la acción del Espíritu Santo que distribuyó los carismas a cada uno en particular “según su voluntad” (1 Co 12, 11), no ocasiona división ni confusión, sino todo lo contrario: unidad, comunión. La diversidad de carismas enriquece a la Iglesia. Pero si los carismas y ministerios no se ejercen en la unidad y la comunión del Espíritu, entonces la empobrecen.

3. Tipos de ministerios
Según el actual Estatuto de la RCC, existen dos tipos de Ministerios. El primero –y el más común–, es el Ministerio de Servicio (art. 20º, 41º – 43º, 60º – 63º). El segundo, es el Ministerio Carismático (art. 80º – 85º).

a. LOS MINISTERIOS DE SERVICIO: Son los Ministerios que internamente tienen los grupos de oración, las Coordinaciones Zonales, Diocesanas y Nacional, y pertenecen a la estructura organizativa a la que corresponden. Por ejemplo, un grupo de oración o Coordinación puede contar con los ministerios de música, enseñanza, acogida, intercesión, sanación, etc. En ese caso, se dice: «Ministerio de Acogida del grupo de oración X», «Ministerio de Enseñanza Zonal», «Ministerio de Música de la Coordinación Diocesana de...». Un grupo de oración o Coordinación puede y debe tener los Ministerios de Servicio que disciernan que son necesarios. Un ministerio de servicio grupal está integrado por miembros comprometidos del grupo de oración; por tanto el ministerio pertenece y depende del grupo y sigue los lineamientos que su equipo de Servidores, encabezado por el Responsable del grupo, le precisen.

Es importante señalar que no existen jerarquías ni línea de autoridad entre los diferentes niveles de un mismo Ministerio de Servicio. Es decir que, por ejemplo, un Ministerio de Música Diocesano no tiene autoridad directa sobre un Ministerio de Música Zonal, ni un Ministerio de Enseñanza grupal debe obediencia a un Ministerio de Enseñanza Zonal. Cada uno responde ante el nivel en que se encuentra: el Ministerio de servicio grupal sigue los lineamientos únicamente de su equipo de Servidores del grupo, el Ministerio Zonal sigue lo que le indica su Coordinación Zonal, y así sucesivamente. Los Responsables de los Ministerios Zonales y Diocesanos, integran su respectiva Coordinación, con voz y voto (Estatuto de la RCC, arts. 30º y 35º).

b. LOS MINISTERIOS CARISMÁTICOS: Son Ministerios que «no pertenecen a la estructura interna de algún Grupo de Oración o Coordinación de la RCC Zonal, Diocesana o Nacional, sino que como tales son una Comunidad propia» (Estatuto de la RCC, art. 80º). Es un conjunto de hermanos, miembros activos de la RCC, que deciden formar un equipo que brinde algún servicio, como puede ser: evangelización, música, comunicaciones, etc. Pero al no ser un Ministerio perteneciente a algún grupo o Coordinación, pueden desarrollar su labor en diversos niveles. Por ejemplo, un Ministerio Carismático de Evangelización, puede ser invitado a dar jornadas o cursos en un grupo de oración, en una Zona o a nivel diocesano.

Es importante, entonces, que los miembros del Ministerio Carismático disciernan bien su llamado concreto, y que estén insertados en una diócesis específica, donde ejercerán preferentemente su labor (Estatuto de la RCC, art. 82º). El Ministerio Carismático, en ese sentido, empieza a ejercer su servicio oficialmente en el momento en que su constitución es aprobada por el Coordinador Diocesano de la RCC respectivo. Se recomienda que los Ministerios Carismáticos cuenten con objetivos y normas de trabajo y organización explicitadas en un documento escrito, el cual debe ser revisado y aprobado por su Coordinador Diocesano de la RCC. Se recomienda también que cada Ministerio Carismático cuente con su respectivo asesor. También es importante que los miembros del Ministerio Carismático sigan participando de su grupo de oración o comunidad.

4. IMPORTANCIA DE LOS MINISTERIOS
La presencia de los ministerios en los grupos de oración constituye un elemento primordial para que la comunidad crezca armoniosamente; es decir, para que madure en Cristo. Cada uno ha recibido un don de servicio que, al ser ejercido a través de un ministerio, entonces significará un beneficio para su comunidad (cf. 1 Co 12, 7).

En la comunidad de la Iglesia existen necesidades importantes. Para ello, tienen que realizarse los servicios que atiendan esas necesidades. Este es precisamente el papel de los carismas y los ministerios: servir para el beneficio de toda la comunidad, para “provecho común” (1 Co 12, 4–7).

Si no existieran necesidades reales, no tendrían razón de ser los ministerios. Por ello, cuando éstos no se forman o no cumplen adecuadamente su labor, todo el cuerpo se resiente y empieza a funcionar defectuosamente, desarrollándose unos miembros más que otros. La consecuencia es que la comunidad no logra crecer y madurar, y sus miembros viven en una “eterna infancia”, es decir, con una fe rudimentaria e incapaz de profundizar en el conocimiento de Dios y de dar fruto: “Se han vuelto lentos para comprender... ustedes necesitan leche y no alimento sólido...” (Hb 5, 11–6, 2).

Por ello los ministerios son tan importantes en los Grupos de oración, pues los Grupos que reciben continuamente formación y no dan frutos de servicio concreto, que aumentan sólo en cantidad, mas no en calidad, en realidad no han crecido, sólo han “engordado”.

Si el Señor nos dio un carisma, hemos recibido de Él además el ministerio en el cual se ejerce dicho carisma. Y si se nos confió un ministerio, es porque recibimos el encargo, la misión de realizar un servicio en la Iglesia:

“Es absolutamente necesario que cada fiel laico tenga siempre una viva conciencia de ser un «miembro de la Iglesia», a quien se le ha confiado una tarea original, insustituible e indelegable, que debe llevar a cabo para el bien de todos” (Juan Pablo II, exhortación apostólica Christifideles laici, 28).

Según lo afirmado por el Papa, la tarea del laico en la Iglesia es:

ORIGINAL.- Es para mí. Cada uno recibe su propia misión, que es específica y diferente muchas veces a la de los demás.
INSUSTITUIBLE.- Porque no puedo cambiarla por otra. Si el Señor nos quiere santificar de una forma, no tenemos por qué cambiar su plan y tomar otro camino, así nos parezca este otro “más provechoso” para nosotros.
INDELEGABLE.- Pues no debo delegarla a otro. No puedo pretender que otro haga lo que me toca hacer a mí. Lo que el Señor me encomendó a mí, sólo yo tengo que hacerlo. Si no lo hago, se quedará sin hacer.


Preguntas para el taller:
¿Qué ocurriría si en un Ministerio no hubiera unidad entre sus integrantes?
¿Qué ocurriría si en un Ministerio no tuvieran claramente establecido su finalidad y sus funciones?
Comenta la trascendencia de la afirmación del Papa Juan Pablo II en la exhortación apostólica Christifideles laici (Nº 28).

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Tema 3
FRUTOS DE LA PRESENCIA DE LOS MINISTERIOS
Objetivo del Tema:
Destacar los beneficios que traerá para la comunidad el implementar los Ministerios que ésta necesita.

Enseñanza:
Leamos con atención estas palabras:

«Y fue también él quien constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y doctores. Capacita así a los creyentes para la tarea del ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta que logremos ser hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez conforme a la plenitud de Cristo. Así que no seamos niños caprichosos, que se dejan llevar de cualquier viento de doctrina, engañados por esos hombres astutos, que son maestros en conducir al error. Por el contrario, viviendo con autenticidad el amor, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza, Cristo. A él se debe que todo el cuerpo, bien cohesionado y unido por medio de todos los ligamentos que lo nutren según la actividad propia de cada miembro, vaya creciendo y edificándose a sí mismo en el amor» (Ef 4, 11–16).

En este valioso texto, la palabra de Dios nos dice que:

Cada uno está en el ministerio al que ha sido llamado por Cristo.- “Y fue también él quien constituyó a unos apóstoles,...”. No somos nosotros quienes “escogimos” nuestro servicio: “Ustedes no me escogieron a mí. Soy yo quien los escogí a ustedes y los he puesto para que vayan y produzcan fruto, y ese fruto permanezca” (Jn 15, 16). Fue Él quien nos llamó, escogió, nos dio la misión y nos confió el ministerio conforme a su voluntad. Nosotros la acatamos y confiamos en su dirección. Nunca olvidamos que fuimos enviados por el Señor, quien determinó cuál sería nuestra misión, y es a Él a quien tendremos que rendir cuentas de lo bien o mal que lo hayamos hecho.
Preparados por el Señor para el trabajo en el ministerio.- “Capacita así a los creyentes para la tarea del ministerio...”. Si recibimos formación a través de Seminarios de Vida en el Espíritu, cursos, enseñanzas, jornadas, la Escuela de Líderes, etc., es porque el Señor nos está preparando para que trabajemos en nuestro ministerio, no sólo para que “sepamos más”. Y lo mejor que ha hecho para darnos la capacidad de trabajar en la construcción de su Reino es el habernos dado su Espíritu Santo a través del Bautismo y la Confirmación. Teniéndolo a Él en su interior, nadie puede decir “no estoy preparado para hacer la obra del Señor”.
Producen unidad y comunión.- “Hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe...”. Nuestro servicio comprometido nos une más al Señor y entre nosotros, y nos conducen a conocerlo, pues el servicio es el camino más hermoso para conocer al Señor. Cuando cada miembro está en su lugar, entonces hay cohesión en el cuerpo; pero cuando cada uno hace lo que quiere, el cuerpo está desintegrado: “El ojo no puede decir a la mano: no te necesito. Ni tampoco la cabeza puede decir a los pies: no los necesito” (1 Co 12, 21).
Producen madurez en Cristo.- “Hasta que logremos ser hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez adulta conforme a la plenitud de Cristo”. Cuando en una comunidad o Grupo de oración existen ministerios bien constituidos, este es un claro signo de la madurez de dicha comunidad. Los grupos que aún no han logrado organizarse debidamente y los ministerios brillan por su ausencia, son inestables, pues sus integrantes no se han desarrollado en su carisma.
La comunidad estará más protegida frente a los errores y pruebas.- “Así que no seamos niños caprichosos...”. Los niños son ingenuos y pueden caer en cualquier trampa. La madurez, en cambio, produce estabilidad y seguridad en la fe. Cuando llegue la prueba, la casa (el Grupo de oración) no se desplomará porque está construida sobre la Roca, que es Cristo, y porque al ejercer cada uno su ministerio, dejaron de ser niños en la fe.
Creceremos hacia Cristo.- “Crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza, Cristo”. Cuando el amor entre los hermanos es auténtico, entonces hay servicio comprometido, y Cristo está cada vez más presente entre ellos. Cuando el crecimiento es hacia Cristo, entonces podemos hablar de madurez; de lo contrario, no se ha crecido, sino se ha engordado.
El Señor organiza su Cuerpo.- “A él se debe que todo el cuerpo, bien cohesionado y unido por medio de todos los ligamentos que lo nutren según la actividad propia de cada miembro, vaya creciendo y edificándose a sí mismo en el amor”. En un cuerpo, nada sobra, pues cada miembro cumple una misión específica. Cuando el Señor edifica, se encarga de que en la comunidad nadie sobre, distribuyendo los carismas y ministerios según la necesidad real del cuerpo. En la comunidad todos son útiles, todos tienen su carisma y su ministerio. Todos son parte del cuerpo, la parte que el Señor le asignó y, como tales, tienen que cumplir una determinada función. Cada uno tiene una tarea, un servicio que dar, tenga o no un “cargo”, porque esa es la voluntad del Señor, y los grupos de oración deben estar organizados de tal manera que permitan incorporar a cada hermano para que sea un miembro activo del cuerpo. Y todos los carismas, todos los ministerios, están sujetos a la única ley que los gobierna: el amor. Sin amor, no son nada. Con amor, edifican, producen madurez y santidad.
LO QUE EL SEÑOR HACE EN UNA EFUSIÓN
La Palabra del Señor es clara cuando indica que el Espíritu Santo “reparte a cada uno según quiere” los carismas (1 Co 12, 11), y esto, para “provecho común” (1 Co 12, 7). Esto quiere decir que cuando el Señor derrama su Espíritu sobre una comunidad en una efusión del Espíritu, repartirá los carismas que necesita la comunidad. No más ni menos.

Por ejemplo, si el Señor ve que la comunidad necesita cuatro miembros que ejerzan el ministerio de la enseñanza, llamará a dicho ministerio a cuatro hermanos, no a tres ni a ocho. Si la necesitad es de cuatro hermanos que se dediquen a la música, dará el carisma a cuatro miembros del grupo de oración, de tal manera que las necesidades de la comunidad sean cubiertas por la cantidad de miembros adecuada.

Pero si de los cuatro hermanos de la comunidad que recibieron el carisma de la enseñanza, sólo dos lo ejercen mientras que los otros dos no lo hacen, esto ocasionará que:

Los dos que sí lo ejercen tendrán una labor mucho más recargada.
Como no será suficiente, algunos hermanos que recibieron el encargo en otro ministerio (música, acogida, intercesión o cualquier otro), buscarán cubrir ese vacío, pero como no tienen el carisma respectivo, su labor no tendrá la efectividad propia de quien sí tiene el carisma para hacerlo.
Al descuidar estos últimos hermanos su ministerio, dejarán otro vacío que intentará ser llenado por otros hermanos que tampoco tienen el carisma para hacerlo adecuadamente.
Resultado: Toda la vida del cuerpo se trastorna. Muchos están haciendo lo que no deben o no fueron llamados a hacer, y la comunidad no puede alcanzar su madurez.

Recordemos que una de las principales virtudes de un buen líder es el saber reconocer (discernir) los carismas de los miembros de su comunidad. Así, podrá colocar a cada miembro en el ministerio al cual el Señor lo haya llamado a servir. Pero si el líder no se da cuenta de qué dones han recibido los hermanos de su grupo, entonces les asignará tareas o funciones que no les corresponden. Lo lamentable sería que alguien esté esforzándose durante años realizando tareas que no estaban en el plan de Dios para su santificación.

No se trata de que todos hagan todo, porque así nada harán bien. Lo importante es estar donde el Señor quiere que estemos, haciendo lo que el Señor quiere que hagamos. Tampoco quiere esto decir que sólo haremos lo que corresponde a nuestro ministerio, porque nos especializamos en ello. Muchas veces surgen imprevistos y será necesario que realicemos algo diferente a nuestro ministerio, así no creamos tener el carisma respectivo, y tendremos que hacerlo poniendo todo de nuestra parte para realizar este servicio bien hecho. Pero lo importante es que reconozcamos claramente nuestro ministerio y le demos prioridad sobre otros servicios, sin descartar el apoyar otras actividades en las que sea necesaria nuestra participación.

Eres miembro del Cuerpo de Cristo, pero: ¿Ya has descubierto qué parte del Cuerpo de Cristo eres?

Preguntas para el taller:
¿Por qué la presencia de los Ministerios es un signo de la madurez de una comunidad cristiana?
¿Qué trastornos ha causado en mi grupo de oración el que algunos hermanos no ejerzan el carisma recibido?
¿Ya he logrado descubrir cuál es el servicio concreto que el Señor espera de mí para esta etapa de mi vida?

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Tema 4
CRITERIOS PARA IMPLEMENTAR LOS MINISTERIOS
Objetivo del Tema:
Exponer orientaciones prácticas para el momento en que se van a formar los Ministerios.

Enseñanza:
CÓMO ELEGIR LOS MINISTERIOS
La creación de cada ministerio debe discernirse bien y esto sólo se hace comunitariamente, esto es, a nivel del Equipo de Servidores. Lo primero que debe determinarse es la necesidad real de que ese servicio debe realizarse en la comunidad. No deben formarse los ministerios caprichosamente, o porque los demás grupos los tienen y “no nos podemos quedar atrás”.

Por ejemplo, si se hace necesario que en el grupo de oración exista un equipo encargado permanente de dirigir la música y la animación, y enseñe nuevos cantos a la asamblea, se forma el ministerio de Música, integrado por varios hermanos con el carisma de la música y la animación, que se dedicarán a esa labor específica.

De igual manera, si notamos que el Señor está enviando cada semana hermanos nuevos al grupo de oración, ha llegado el momento de formar el ministerio de Acogida, pues cada hermano nuevo se merece una adecuada bienvenida y su respectivo seguimiento.

Es importante discernir, antes de establecer un ministerio, si el Señor ha dado ese carisma a miembros de la comunidad. Si ello ocurre, es un signo de que el Señor quiere instituir este ministerio en el grupo de oración. El siguiente paso es llamar a las personas que lo integrarán.

¿QUIÉNES DEBEN INTEGRAR LOS MINISTERIOS?
Deben ser hermanos en los que podamos apreciar, las siguientes disposiciones mínimas:

a. Una clara conversión. Es decir, que sean renovados en Cristo. No puede ser alguien que recién está asistiendo al grupo de oración, así manifieste ciertas habilidades para desempeñar este servicio (la excepción sería si este hermano “nuevo” ya ha pertenecido a otro grupo de oración y ha tenido antes la experiencia de conocer al Señor). Lo más aconsejable es que, para que alguien se integre a un ministerio, debe haber recibido, por lo menos, el Seminario de Vida en el Espíritu completo.

b. Identificación con el grupo de oración. Debe tratarse de hermanos que se sientan verdaderamente parte del grupo de oración, que tengan una identificación con él. No es recomendable llamar a hermanos que, a pesar de tener la capacidad de ejercer el ministerio, no muestran mayor identificación con el grupo de oración y la RCC, y asisten por igual a otros grupos carismáticos o de otro movimiento sin tener en claro dónde quieren servir comprometidamente. Quien integra un ministerio debe ser alguien que sienta claramente que el Señor le llamó a servir siendo parte de esta comunidad.

c. Deseo de servir. Uno puede tener el carisma y habilidades innatas para desarrollar una determinada tarea, pero si no muestra disponibilidad, docilidad y deseo de servir al Señor y a sus hermanos aún a costa de muchos sacrificios y privaciones, no debe ser llamado a un ministerio. El trabajo en un ministerio representa para el cristiano el ejercicio responsable, permanente y comprometido de su carisma. A alguien que pertenece a un ministerio se le pueden permitir muchas cosas (errores, faltas, dudas, etc.) pero nunca el que no tenga el deseo de servir. La Palabra del Señor nos exhorta: “En el cumplimiento del deber: no sean flojos. En el Espíritu sean fervorosos, y sirvan al Señor” (Rm 12, 11).

d. La manifestación del carisma correspondiente. El carisma nos capacita para desarrollar la tarea del ministerio, es la “herramienta” que necesitamos para realizar ungidamente dicha labor. Si uno no tiene el carisma, entonces será inútil que pertenezca a dicho ministerio. Podrá apoyar eventualmente, como un acto de amor, pero no dedicarse a dicho ministerio.

el responsable del ministerio
El Ministerio tiene que ser dirigido por alguien con experiencia en el uso del carisma propio de dicho servicio, y es mejor que sea un servidor en actividad. En todo caso, ha de ser una persona de confianza del Responsable del grupo de oración, quien es la persona encargada de nombrarle. El Responsable del Ministerio no debe ser una persona autoritaria, sino alguien que escuche sugerencias y además motive a sus hermanos a que se santifiquen sirviendo con amor y alegría. Tiene, asimismo, que informar permanentemente al Responsable del grupo de oración y al Equipo de Servidores sobre la marcha de su Ministerio, y escuchar con humildad sus sugerencias. No debe olvidar en ningún momento que el Ministerio está ante todo al servicio de los hermanos del grupo de oración, a quienes deben respeto y amor, así como obediencia a sus autoridades.

Es fundamental que el Responsable del Ministerio sea alguien que sepa descubrir quiénes son los hermanos de la comunidad que tienen las características antes mencionadas para integrar su ministerio, y ¡LLAMARLOS!

LA INCORPORACIÓN aL MINISTERIO
La mejor forma es que el propio Responsable del ministerio se encargue de invitar personalmente a quienes ha discernido que deben incorporarse al equipo. No es bueno hacer invitaciones generales a la asamblea: “¿Quién quiere pertenecer al ministerio de...?”, o: “La reunión del ministerio X es tal día; los que quieran ir, vayan nomás...”. Esto podría ocasionar que se incorporen personas que no deberían estar en el ministerio y luego pueden dificultar la marcha del equipo.

Al momento de llamar al hermano, el Responsable del ministerio ha de explicarle claramente en qué consiste la labor a la que ha sido convocado y quiénes integran el equipo.

No debe presionarlo a aceptar inmediatamente la invitación, sino darle el tiempo que necesite para contestar. Si la respuesta es afirmativa, el Responsable debe acogerla con alegría y en la siguiente reunión del ministerio presentarlo formalmente como integrante del mismo y orar por él (imponiéndole las manos) para que el Señor le dé la unción que necesita para cumplir su misión en la comunidad.

El paso siguiente es capacitar adecuadamente al nuevo integrante del ministerio, sin exigirle demasiado, pero a la vez transmitiéndole la confianza y el apoyo necesario.

LA FORMACIÓN EN EL MINISTERIO
Siendo los carismas gracias de Dios, éstos no se reciben como fruto de nuestros méritos personales. Son regalos del Señor para nosotros, y sobre todo, para la comunidad.

En este sentido, se dice que son “extraordinarios”, porque la capacidad que recibimos para realizar un servicio determinado –sanación, enseñanza, intercesión, etc.–, no procede de nuestras capacidades humanas, aunque muchas veces se apoyen en ellas.

Sin embargo, el hecho de que esta “fuerza” recibida sea “sobrenatural” (porque su fuente es el Señor), no quiere decir que no debamos formarnos en el adecuado ejercicio de nuestro carisma.

Cada carisma lo recibimos como una semilla, y es nuestra responsabilidad hacerlo desarrollar a través de la práctica y la formación.

Está claro que la capacidad no procede de la formación; es decir, que no voy a tener o hacer aumentar en mí, por ejemplo, el carisma de la sanación, porque haya leído varios libros sobre este tema. Pero la formación constante me ayudará mucho para conocer este carisma, saber en qué consiste, cómo ejercerlo adecuadamente para mayor provecho de mi comunidad, y cómo desarrollarlo.

La falta de formación acerca de un carisma nos puede llevar a cometer muchos errores al tratar de usarlo, así lo hayamos recibido de una manera notoria.

el trabajo del ministerio
El ministerio está para hacer algo. Por ello, en sus reuniones han de:

Orar juntos y hacer vida en comunidad compartiendo sus experiencias.
Evaluar su labor.
Formarse, tanto en temas generales de doctrina cristiana y espiritualidad carismática, como en lo referente a su labor concreta (cómo realizar bien su trabajo en el ministerio).
Preparar las actividades propias de su ministerio.

Preguntas para el taller:
¿Mi grupo de oración cuenta en la actualidad con los Ministerios que realmente debería tener? ¿Falta o sobra alguno?
¿Qué ocurriría si llamamos a integrar a un Ministerio a alguien a quien falta alguna de las cuatro disposiciones mínimas? Ponerse en cada uno de los casos.
¿Qué características añadirías a las ya mencionadas para ser un buen Responsable de Ministerio?

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Tema 5
CÓMO DESCUBRIR MI CARISMA
Objetivo del Tema:
Ofrecer algunas orientaciones que ayuden a los participantes a discernir su propio carisma y el Ministerio al cual esté siendo llamado por el Señor.

Enseñanza:
«Uno solo es el Espíritu, y reparte sus dones a cada uno como desea» (1 Co 12, 11).

Existen diversas clasificaciones de los carismas. Entre ellas tenemos:

Dones del Espíritu Santo: Isaías 11, 2
Dones Carismáticos: 1ª Corintios 12, 7–10
Dones de Ministerio: Efesios 4, 11
Dones de Motivación: Romanos 12, 6–8
a. Actitudes que preparan para recibir y discernir nuestro carisma
Una actitud de gratitud:
Recíbelo y agradécelo.
Deseo de ponerlo en práctica.
Una actitud de oración:
Alerta a la voz del Señor.
Obtener confirmación acerca del don.
Una actitud humilde y abierta:
Confirmación del don por otros.
Abierto al consejo y crítica constructiva.
No insistir en don con evidente falta de resultados y edificación de la Iglesia.
Una actitud decidida:
Disposición para probar su carisma y ver si es verdadero o no.
Disposición para decir siempre «sí» a la voluntad de Dios.
Con todo esto, puedes darte cuenta de que el descubrimiento de los dones tiene que ver más con una actitud abierta, sincera y decidida del creyente que con una actuación sobrenatural de Dios. El creyente actúa y practica, Dios confirma y enseña.

b. ¿Se puede pedir un don en particular?
Dios da los carismas como le complace (c.f. 1 Co 12, 11), lo que significa que tenemos que descubrirlos y actuarlos, pero:

1ª Corintios 12, 31 y 14, 1 nos dice: «Aspiren a los dones mejores...». ¿A cuáles se refiere? A los que más necesitamos en el grupo (comunidad).
Según 1ª Corintios 14, 13 podríamos pedir uno como complemento de otro don, como es el caso del don de Interpretación de lenguas.
En este caso, se trata de la Comunidad quien discierne qué carismas necesita y los pide al Señor en comunidad y para la Comunidad.

c. ¿Qué hacer con el don recibido?
Los dones son herramientas que nos ayudan a realizar nuestra misión en la Iglesia (grupo, parroquia, movimiento, etc.). Edifican la Iglesia, y si no se usan eclesialmente pierden profundidad en su tarea. Cuando discernimos que hemos recibido algún carisma, es nuestro deber ejercerlo (ministrarlo), pero para ello tenemos que incorporarnos al Ministerio –si ya existe– en el que podremos hacerlo. Pide al Señor mucho discernimiento y sobre todo fe para y amor para ejercer dicho carisma con quienes Él quiera y en la forma que Él señale.

Es fundamental que tengamos la visión del plan de Dios para nuestra vida, y dónde encaja el carisma recibido en dicho plan. El descubrir la voluntad de Dios es aún más importante que conocer qué carismas tenemos. Esta voluntad de Dios, que se expresa en una misión concreta, nos la va mostrando progresivamente, conforme tengamos las actitudes anteriormente mencionadas.

d. ¿Por qué algunos hermanos no usan sus dones?
· Porque no conocen sus dones.

· Porque tienen temor: al qué dirán, a no usarlo bien, a fallar, de servir a Dios, etc.

· Porque no conocen la trascendencia de su uso en la Iglesia.

· Porque no quieren hacerlo.

e. ¿Cuál es mi don?
1. ¿Cómo lo sé?:

· Confirmación interna: el Señor te lo revela, en oración o en alguna circunstancia precisa.

· Confirmación externa: la comunidad, los frutos, la repetición del hecho.

2. ¿Por qué lo uso y estoy en un Ministerio?, ¿para qué lo hago? ¿Qué necesidad eclesial espero satisfacer?

3. ¿Qué talentos tengo?

· Humanos: capacidades o habilidades innatas;

· Divinos: dones espirituales.

4.¿Cuáles son los frutos?: Personales y Comunitarios.

Preguntas para el taller:
¿Cómo había llegado anteriormente a tener la certeza de cuál es mi carisma? Explica en qué criterios te basaste y si hay algunos de los criterios aquí mencionados que tú no tomaste en cuenta.
¿Por qué es importante tener una actitud decidida cuando recibimos algún carisma?
¿Cuánto tiempo y esfuerzo toma perfeccionar un carisma recibido? ¿O es que desde que lo recibimos, ya tenemos el don completamente desarrollado en nosotros?
Nota.- Se recomienda que al finalizar el presente tema se realice un Taller de Oración en el que pidamos al Señor que derrame sus carismas en nosotros y que nos ayude a descubrirlos.

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Tema 6
PRINCIPALES MINISTERIOS EN LA RCC
Objetivo del Tema:
Conocer lo fundamental sobre los Ministerios de Servicio más presentes en los grupos de oración de la RCC, a fin de enfocar debidamente su funcionamiento.

Enseñanza:
6.1 EL MINISTERIO DE ACOGIDA
A. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
Integrar plenamente al hermano nuevo a la comunidad.

B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
La importancia de este Ministerio es muy grande, pues sus miembros son la “cara” del grupo; es decir, son las primeras personas con las que probablemente tratarán los hermanos nuevos. Del desempeño adecuado de su función dependerá en mucho la primera –y muchas veces definitiva– impresión que se llevarán de toda la comunidad.
Se brindará una cálida y fraternal bienvenida a los hermanos nuevos, realizada por personas adecuadas y preparadas para realizar dicha tarea.
Habrá un adecuado seguimiento de los hermanos nuevos. Ellos, por su parte, se sentirán mejor atendidos, pues recibirán así un pastoreo inicial.
Los integrantes del Ministerio de Acogida despejarán todas las dudas del hermano nuevo sobre el porqué y el sentido de la reunión de oración y de todo lo que en ella se realiza, así como qué es la RCC y cuál es su misión y objetivos.
Los hermanos que han recibido el carisma de la Acogida, se desarrollarán en su don a través de su servicio en el Ministerio, y así irán alcanzando una mayor madurez como cristianos.
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
Ser una persona plenamente identificada con el grupo de oración y con la RCC, pues la bienvenida que dará a los hermanos nuevos la hará no a título personal sino a nombre de toda la comunidad. Por ello, tiene que ser también una persona conocida por los demás integrantes del grupo para que así se sientan debidamente representados por quien está dando la bienvenida.
Que sea una persona alegre, sencilla, comunicativa, que sepa transmitir confianza al hermano nuevo, sin dar preferencia a algunos nuevos por su apariencia exterior; detallista, cariñosa, afectuosa, pero sin caer en ser “melosa” y exagerada en sus muestras de afecto, y que no tenga tendencia a llamar la atención, al “palabreo” y el emocionalismo.
Que conozca muy bien qué es un grupo de oración y lo que en él se realiza; incluso, que conozca la historia de la Renovación y la historia propia del grupo.
Que tenga el carisma de la acogida y que sobre todo, que sea una persona llena de amor.
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
Encargarse de brindar una cálida y fraternal bienvenida a los hermanos nuevos, y de la acogida en la entrada (puerta) del lugar o ambiente donde se realiza la reunión.
Los miembros del Ministerio han de interesarse por los hermanos nuevos, apuntar claramente sus datos: nombre, dirección, teléfono, fecha de su cumpleaños.
Brindar un pastoreo inicial a los hermanos nuevos del grupo de oración, que se prolongue en lo posible hasta su participación en un Seminario de Vida en el Espíritu. El contenido de este “pastoreo” puede estar centrado en explicar qué es un grupo de oración, qué se realiza en ella, la importancia de la oración de alabanza, de leer la Palabra de Dios, etc., además de buscar conocer más de cerca al hermano y cuáles son sus motivaciones e inquietudes actuales.
Reunirse semanalmente, si es posible, para evaluar su trabajo y programar actividades.

Preguntas para el Taller:
¿En cuánto beneficiaría a nuestro grupo de oración si tuviéramos un Ministerio de Acogida que cumpliera plenamente con sus funciones?
¿Qué sugerencias creativas podrías aportar para el mejor funcionamiento de este Ministerio?

6.2 EL MINISTERIO DE PASTOREO
A. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
Comprometer plenamente con la comunidad y con la Iglesia a los hermanos que asisten regularmente al grupo.

Nota.- Por «pastoreo» generalmente se suele entender muchas cosas, que van desde consejería hasta dirección espiritual. Lo que aquí vamos a desarrollar corresponde más a lo que en los años recientes se viene conociendo como «acompañamiento espiritual», dirigido fundamentalmente a aquellos hermanos de la comunidad que ya tienen una permanencia estable en el grupo de oración, sobre todo, a quienes culminaron el Primer nivel de Formación. Por lo tanto, no se tratará aquí sobre el pastoreo que se desarrolla durante los cursos del Primer nivel de Formación.

B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
Los hermanos de la asamblea recibirán un trato personalizado. No se sentirán sólo parte de una masa anónima de personas. Muchos necesitan tener a alguien que los escuche y con quien conversar, que les preste una atención personal, que se interesen por sus necesidades particulares y los orienten de acuerdo con lo que realmente requieren.
El Responsable y los servidores podrán conocer más profundamente a los hermanos de la asamblea: sus necesidades, su problemática, su percepción sobre lo que se hace en el grupo de oración, sus aspiraciones, etc., y de acuerdo a ello, orientarlos mejor a fin de comprometerlos con algún ministerio determinado.
Este pastoreo personal ayudará a identificar los líderes naturales que aparecen en toda comunidad, para luego hacerles un seguimiento especial.
El pastoreo constituye un excelente complemento de la formación general que reciben los hermanos en la asamblea, adaptándola el pastor a las necesidades concretas del hermano al que está pastoreando. De esta manera, se nivelarán o atenuarán las diferencias de crecimiento y compromiso existentes en toda asamblea.
Mediante un buen pastoreo que involucre a la mayor cantidad posible de hermanos de la asamblea, ésta se convertirá cada vez más en una auténtica comunidad de hermanos en la fe. El grupo será verdaderamente un cuerpo, en donde lo que hace o le ocurre a uno, afecta a los demás, pues nos sentimos mutuamente comprometidos: “Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro recibe honores, todos se alegran con él” (1 Co 12, 26). Así, todos alcanzamos a ser “un solo cuerpo y un mismo espíritu” (Ef 4, 4).
Lo que tiene que hacer el ministerio es, básicamente, ayudar a que la persona pastoreada encuentre dónde servir y desarrollarse mejor, para que así pueda vivir plenamente su vocación cristiana. Para ello, tiene dos posibilidades: en el primer caso, si la persona pastoreada no está debidamente comprometida, discernir con ella las causas de su pasividad y motivarla a que se comprometa en un servicio concreto, ayudándole a decidirse y empezar a trabajar activamente; el segundo caso, es que la persona esté saturada de actividades y comprometida en muchas cosas; allí el pastor tendría que ayudar a la persona a que encuentre un orden en su servicio y se desligue de aquello a lo cual el Señor no le ha llamado a hacer, a fin de que se concrete en cumplir la misión recibida.
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
Ser una persona plenamente identificada con la Iglesia católica, su grupo de oración, con la RCC y con la espiritualidad carismática.
Conocedora de cuál es el plan de Dios para su vida, consciente de sus carismas y de su ministerio, para que así pueda ser capaz de ayudar a otros a descubrir su propia vocación y misión.
Con pleno conocimiento y comunión con lo que enseña la Palabra de Dios y el Magisterio de nuestra Iglesia, en especial sobre determinados temas controversiales: posición de la Iglesia frente al aborto, la esterilización, el divorcio; la veneración a María y a los santos; las imágenes; el sacramento de la Reconciliación; la autoridad del Papa y los obispos, etc.
Que sepa escuchar, aconsejar y que sea discreto. No debe entrometerse en la vida del hermano, sino saber de él lo que necesita para poder encaminarlo y animarlo a seguir al Señor.
Que sienta verdadero amor por el hermano que pastorea. Que desee su bien en todo momento, sin llegar a un apego excesivo ni crear lazos innecesarios de dependencia. Cuando llegue el momento de terminar el pastoreo formal, que pueda dejar ir al hermano libremente y animarlo a continuar.
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
Escuchar, acompañar, orientar, afianzar en la fe, animar, aconsejar a los hermanos que tiene a su cargo durante un periodo determinado (por lo menos hasta que esté realmente comprometido con la comunidad).
Formarse continuamente, en cuanto a la enseñanza de la Iglesia, de la RCC y sobre cómo conocer y orientar mejor a las personas.
Reunirse semanalmente, si es posible, para evaluar su trabajo y compartir sus experiencias.
E. RECOMENDACIONES
Brindar el pastoreo sólo a hermanos de la comunidad.
No pastorear a la vez a más de cuatro hermanos, para así poder darles la adecuada atención.
No hacer el pastoreo demasiado extenso. Se recomienda que dure entre seis meses y un año.
De lo que se trata es de darle al hermano(a) a quien se pastorea la formación y orientación necesaria para que pueda desenvolverse en la comunidad y en la Iglesia, teniendo una clara idea de su propia misión (ministerio).
Hay que evitar la dependencia de la persona pastoreada con respecto al pastor. No es aconsejable una relación basada en el paternalismo. Más bien, la relación pastor–“oveja” ha de ser cada vez menos directiva.
El pastor ha de sugerir (sin imponer) a quien pastorea lo que debe hacer en ciertos casos, pero tratando de que la persona llegue por sí misma a dicha conclusión. Esto último es siempre lo mejor. El decirle en cada caso de una manera directa y explícita qué debería hacer, fomenta la dependencia con respecto al pastor, y evita que la persona pastoreada realice su propio discernimiento y tome sus propias decisiones.
Se exige siempre absoluta discreción con respecto a lo compartido durante las sesiones de pastoreo.
No confundir consejería con pastoreo. La consejería es circunstancial. Se recurre a ella cuando existe una duda o dificultad, y finaliza cuando ésta queda superada. El pastoreo no depende de si la persona tiene un problema determinado. Es una guía para poder dar mayor fruto y encaminar la vida de la persona, aunque puede incluir en determinadas ocasiones de consejos por parte del pastor.
El primer deber del pastor con respecto a la persona a quien pastorea, es orar por ella.
F. Bibliografía recomendada
GARCÍA LLERENA cjm, P. Carlos; El pastoreo en los grupos de oración; Renovación Carismática Católica del Perú, Lima, 1996.
RAMOS s.j., P. Francisco; El acompañamiento espiritual. Cómo el hermano ayuda a otro hermano en el camino de la Renovación; Colección Fuente de Vida Nº 31, 2ª edición; Quito, 1996.
SASTRE GARCÍA, Jesús; El acompañamiento espiritual. Para la pastoral juvenil y vocacional; Ed. San Pablo, 3ª edición, Madrid, 1993.

Preguntas para el Taller:
¿En cuánto beneficiaría a nuestro grupo de oración si tuviéramos un Ministerio de Pastoreo que cumpliera plenamente con sus funciones?
¿Qué sugerencias creativas podrías aportar para el mejor funcionamiento de este Ministerio?

6.3 EL MINISTERIO DE INTERCESIÓN
A. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
Orar para obtener y mantener la bendición del Señor sobre el grupo de oración y sus miembros.

B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
El ministerio de Intercesión es un arma poderosa a fin de alcanzar la realización del Plan de Dios para la comunidad y para mantenerla protegida de todo mal o perturbación que pudiera interferir dicho Plan.
La oración en comunidad de sus miembros es un decisivo apoyo en la realización de las actividades del grupo de oración: Seminarios de vida en el Espíritu, cursos, jornadas, retiros, vigilias, la reunión de oración misma, etc.
El Responsable, los servidores, los diferentes ministerios y cualquier hermano necesitado de la comunidad tendrán siempre el respaldo que significa la oración de sus hermanos.
La presencia y la actividad del Ministerio de Intercesión servirá como un testimonio de fe en el poder de la oración para los demás hermanos de la asamblea.
Producto de la oración de este Ministerio y escuchada por nuestro Señor, muchos hermanos beneficiados con su oración compartirán al resto de la asamblea las maravillas del amor de Dios y la importancia de orar juntos.
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
Deben ser personas de oración continua, que crean firmemente en el poder de la oración realizada con fe y en comunidad.
Que conozcan las promesas del Señor contenidas en su Palabra.
Que no sean egoístas, sino que más bien estén siempre dispuestos a servir orando por los demás.
Que sean personas atentas, despiertas, vigilantes y observadoras, para que puedan orar por las necesidades del grupo: que puedan darse cuenta de las pruebas que está pasando o están por venir, así éstas no sean claramente visibles (saber interpretar las «señales de los tiempos»).
Que tengan una íntima relación con el Señor que les permita orar confiadamente, sin temor, ni lamentaciones ni rollos extensos.
Que se acomoden a las diversas formas de orar; es decir, sin encasillarse en una sola manera.
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
Orar en equipo por:
El Responsable y los miembros del Equipo de servicio.
Los ministerios y apostolados que realiza el grupo de oración.
Las diversas actividades que va a realizar o está llevando a cabo el grupo de oración.
Los hermanos nuevos de la asamblea y por los que están pasando por diversas pruebas.
Las necesidades de la Iglesia o de la sociedad en general que el Señor les comunique.
Formarse entre sus miembros sobre la importancia y efectividad de la labor que realizan, fundamentados en la Palabra de Dios y en los testimonios de su acción entre nosotros.

Preguntas para el Taller:
¿En cuánto beneficiaría a nuestro grupo de oración si tuviéramos un Ministerio de Intercesión que cumpliera plenamente con sus funciones?
¿Qué sugerencias creativas podrías aportar para el mejor funcionamiento de este Ministerio?

Imagen
6.4 EL MINISTERIO DE MÚSICA
A. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
Fomentar en la asamblea un continuo ambiente de viva alabanza al Señor.


B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
La alabanza al Señor a través de la música estará dirigida por hermanos ungidos y preparados para realizar dicho servicio.
Los cantos serán ejecutados en el momento indicado y en la forma correcta.
Se comunicará mejor a la asamblea el gozo de alabar a Dios.
Los miembros del ministerio instruirán a los demás hermanos de la asamblea sobre la importancia de alabar a Dios a través de la música, las maneras de hacerlo, así como les enseñarán los cantos nuevos y la manera de interpretarlos.
Los miembros del ministerio se desarrollarán en su carisma y, por lo tanto, madurarán como cristianos y contribuirán a la mayor madurez de toda la comunidad.
La música bien empleada es un importante complemento de la evangelización, e incluso un medio para evangelizar. Por lo tanto, el mensaje de Cristo llegará con más fuerza a más personas.
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
Tener un marcado espíritu de alabanza al Señor, con una experiencia incuestionable y profunda del amor de Dios que haya transformado su vida.
Debe ser una persona de oración y no un activista que sólo va a tocar un instrumento pero que no vive la reunión. Ha de ser alguien abierto a la conducción del Espíritu, atento a discernir en cualquier momento lo que el Espíritu Santo quiere hacer en las personas y lo que éstas necesitan.
Que sea alegre y capaz de transmitir dicha alegría a los demás.
Con muchos deseos de aprender, para así ejercer su ministerio cada vez mejor. Esto implica incluso una buena disposición a recibir observaciones y críticas sobre su labor de parte de sus hermanos.
Que sepa trabajar en equipo, sin buscar sobresalir sobre los demás (figuración).
Que tenga el carisma de la música y la alabanza.
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
Encargarse de dirigir los momentos de cantos en la reunión de oración, siempre en apertura a la conducción del Espíritu, para así escoger los cantos más apropiados en el momento y la forma indicada.
Instruir a los hermanos en lo referente a la importancia de alabar al Señor a través de la música, y la manera de hacerlo (gestos, expresión corporal, entonación, etc.).
Enseñar los nuevos cantos a la asamblea.
Reunirse semanalmente para:
Orar y formarse juntos.
Evaluar el servicio que vienen realizando.
Preparar y ensayar los cantos que utilizarán.
Compartir consejos y experiencias.
Programar actividades diversas.


Preguntas para el Taller:
¿En cuánto beneficiaría a nuestro grupo de oración si tuviéramos un Ministerio de Música que cumpliera plenamente con sus funciones?
¿Qué sugerencias creativas podrías aportar para el mejor funcionamiento de este Ministerio?




6.5 EL MINISTERIO DE ENSEÑANZA
A. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
Transmitir clara y fielmente a los hermanos de la comunidad la doctrina revelada por el Señor, enseñándoles a cumplir lo que Él nos ha enseñado.


B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
La labor de evangelización se realizará de una manera coordinada, buscando alcanzar metas concretas en cuanto a la vida espiritual y comunitaria de los miembros del grupo de oración. Los temas de las enseñanzas que se brindarán en el grupo de oración se escogerán como fruto del discernimiento de un equipo de los hermanos dedicados a este Ministerio, y no serán la ocurrencia de una sola persona. Gracias a este discernimiento comunitario, se pueden determinar con mayor precisión cuáles son las necesidades reales en cuanto a formación de los miembros de la comunidad y cuál es la mejor manera de ofrecerles estos conocimientos y experiencias.
Los miembros del Ministerio de Enseñanza desarrollarán su carisma respectivo, profundizándolo mediante la continua formación, el ejercicio de su don y la orientación de sus hermanos del Ministerio.
La evangelización dentro y fuera del grupo de oración se desarrollará en equipo, evitando así protagonismos. El Ministerio debe discernir cuál de sus integrantes es la persona más idónea para dar un determinado tema, ofreciéndole a dicha persona orientaciones para hacerlo lo mejor posible. Igualmente, una vez dado el tema, los integrantes del Ministerio podrán evaluar objetivamente y con amor la enseñanza realizada, señalándole a quien dio dicha enseñanza cuáles fueron los aspectos positivos y negativos, para así mejorar cada vez más en su labor. Lo fundamental, es que orarán unos por otros para apoyarse mutuamente antes, durante y después de cada enseñanza.
Podrán organizarse más Seminarios de Vida en el Espíritu, Cursos de Crecimiento y Jornadas de evangelización, pues ya existe un Ministerio integrado por personas que se dedican a la formación de sus hermanos del grupo de oración.Así, ya no se recarga la labor de todo el Equipo de Servidores, que puede confiar al Ministerio de Enseñanza la organización y ejecución de estos eventos.
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
A. LOS EVANGELIZADORES

Son los que llevan la Buena Nueva y anuncian la salvación. Son ellos los que echan la semilla en todos los que les oyen. Son los sembradores que muchas veces no ven el resultado de su trabajo, ya que la semilla germina cuando Dios lo decide. Los evangelizadores están llevando a cabo la labor que nos encargó el Señor en Mc16, 15: “Id y anunciad la Buena Nueva”. Para realizar esta labor no se necesita tener grandes conocimientos de doctrina, ni siquiera de la Biblia. Basta –en nuestro caso de la RCC– haber hecho un Seminario de Vida en el Espíritu y haber tenido un encuentro personal con Cristo vivo.

Condiciones para ser Evangelizador:

Ser testigo y saber comunicarlo.
Estar lleno del Espíritu Santo y ser persona de oración.
Conocer a Dios por experiencia (no de oídas).
Estar bajo autoridad.
Ser enviado por su comunidad.
B. LOS MAESTROS

Ellos enseñan a los ya evangelizados lo que Jesús nos reveló y la forma en que nos enseñó a seguir sus huellas, así como la forma en que deberemos reaccionar en cada circunstancia de la vida según su ejemplo. Los Maestros cumplen con el mandato del Señor en Mt28, 19: “Id y haced discípulos”.

Condiciones para ser Maestro:

Ser testigo y saber comunicarlo.
Poseer conocimiento de la Palabra de Dios y su aplicación.
Tener el don de enseñanza.
Dejarse dirigir por el Espíritu Santo.
Poner su esfuerzo y voluntad en preparar sus enseñanzas concretas y amenas, interesantes y profundas.
Tener amor y paciencia.
C. LOS PREDICADORES (EXHORTADORES)

Son aquellos que tienen la capacidad de ayudar a la gente a tomar decisiones, empujándoles y motivándoles a la acción. Es como encender la chispa. Este don no puede usarse sin el apoyo de un maestro o pastor que continúe su obra.

Hay tres modos de exhortar: alentar, reprender y retar a hacer algo. Estas personas están actuando según lo que dijo Pablo a Timoteo: “Exhorta con paciencia e instruye” (2Tm4, 2).

Condiciones para ser Exhortador:

Ser testigo y saber comunicarlo.
Ser líder, tener las condiciones que hacen mover a la gente.
Profundo conocimiento de la persona de Dios.
Estar lleno del Espíritu Santo y ser persona de oración
Instrucción respecto a los diferentes puntos de nuestra fe cristiana (Biblia, doctrina, etc.).
D. LOS CATEQUISTAS

Ellos llevan al conocimiento progresivo de la fe. Tienen éxito si previamente la persona a catequizar ha sido evangelizada, esdecir, conoce a Dios y se prepara para pertenecer a su Iglesia tomando su lugar en el Cuerpo de Cristo, donde con seguridad le corresponde un lugar. Conducen a ser un verdadero católico.

Condiciones para ser Catequista:

Conocer a fondo la doctrina de la Iglesia católica.
Tener el don de enseñanza.
Poseer creatividad para hacer llegar a sus objetivos en forma interesante.
Saber preparar para recibir los sacramentos y conocer el para qué y la importancia de cada uno de ellos.
Estar subordinado o encargado de su labor por el párroco o persona con autoridad.
Tener paciencia y estar dispuesto a ensayar diferentes métodos para conseguir el éxito en su misión.
Valorar este trabajo que, como “broche de oro”, hace conocer a fondo la Iglesia que Cristo fundó, haciendo de los evangelizados, pastoreados y exhortados, cristianos – católicos.
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
Reunirse periódicamente para orar juntos, formarse y evaluarse mutuamente, y planificar su labor. La formación que recibirán los miembros del Ministerio será tanto sobre enseñanza bíblica, doctrina católica y espiritualidad carismática.
Formarse cada miembro de manera personal, ya sea a través de la lectura continua, como asistiendo a cursos, simposios, congresos y otros eventos que ofrezca la RCC y otras instancias de la Iglesia.
Realizar en equipo una programación periódica (para dos a seis meses) de las enseñanzas que se brindarán en la asamblea. Para realizar esta programación se tendrá en cuenta lo siguiente:
Las enseñanzas han de ser bíblicas, prácticas y testimoniales.
Tiene que haber continuidad entre los temas. El tema de hoy refuerza el anterior y prepara el próximo.
Se deberá considerar el tiempo litúrgico en curso, así como circunstancias especiales que vive la Iglesia (por ejemplo, el Jubileo: Año de Jesucristo, del Espíritu Santo, del Padre, Año Santo, etc.).
Las reuniones de la asamblea son fundamentalmente de evangelización. Las enseñanzas de un corte eminentemente doctrinal pueden ofrecerse en cursos decrecimiento.
Una buena enseñanza no tiene por qué durar más de 20 minutos. Para ello, el tema ha de ser concreto.
Toda programación ha de ser flexible. En caso de necesidad, puede cambiarse lo programado.
La programación es discernida y elaborada por el Ministerio, pero se presenta al Equipo de Servidores para su aprobación respectiva, quienes decidirán finalmente si se hace lo programado por ellos.
Organizar Seminarios de Vida y Cursos de Crecimiento. Téngase en cuenta que el Primer Nivel de Formación en la RCC debe brindarse fundamentalmente en los grupos de oración. Cada grupo de oración debería estar en capacidad de ofrecer cuando menos una vez al año este Primer Nivel de Formación completo. Esto puede significar que dentro del Ministerio de Enseñanza tengan que organizarse dos o más equipos para poder brindar estos cursos oportunamente a los hermanos del grupo de oración.

Preguntas para el Taller:
¿Por qué el Ministerio de Enseñanza tiene tanta importancia en todo grupo de oración?
¿Qué sugerencias creativas podrías aportar para el mejor funcionamiento de este Ministerio?


6.6 EL MINISTERIO DE SANACIÓN
A. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
Obtener, recobrar y mantener, a través de la oración, la salud espiritual, psicológica y física de los miembros de la comunidad, como un signo del amor y el poder de Dios, que nos hace presente el evangelio hoy.


B.Beneficios para lacomunidad
Paz y experiencia del amor del Señor (comunica paz, alegría interna y da lugar a vivir el amor de Dios en nuestras vidas). Y hoy, como ayer, todos los“curados” quieren seguirlo.
Anestesia divina: No siempre las personas se curan, mas disminuyen sus dolores o desaparecen, dando lugar a la alabanza de gratitud.
Intercede para que el médico descubra la causa de las enfermedades y acierte con el tratamiento del enfermo.
Sanidad interior: Se considera como prioritaria, dado el ritmo estresante de nuestro siglo.
Liberación de hábitos nocivos: Drogas, alcohol, etc.
Ayuda a tener visión para organizar mejor la vida y así tener salud.
Ayuda a solucionar o sobrellevar problemas que influyen en nuestra salud física: artritis, rencores, hipertensión arterial, etc.
Curación de enfermedades físicas.
MEDIO DE EVANGELIZACIÓN.
C. Beneficios de orar en equipo
Apoyo mutuo.
Uso de los diferentes carismas en forma complementaria.
Favorece la humildad: no hay un sanador. Hay un equipo.
Favorece el clima de amor y oración previa necesaria.
Permite el crecimiento de sus miembros.
D. Dones que intervienen
Misericordia – Amor
Discernimiento
Curación
Dones de revelación:
Palabra de profecía
Palabra de conocimiento.
E. Características DE QUIEN INTEGRA el ministerio
VISIÓN: Tener una idea clara de los planes de Dios para su vida.
MISIÓN: Sentirse verdaderamente llamado y enviado por el Señor. Portador de las Buenas Nuevas.
UNCIÓN: Fuerza y dirección del Espíritu. Se debe manifestar el don (o dones) que le haya dado el Señor para servir en el ministerio.
UNIÓN: Tener sentido de unidad; formar un solo cuerpo con sus hermanos del ministerio y del grupo de oración.
EQUILIBRIO: Ha de ser una persona equilibrada emocionalmente.
DISCIPLINA: Oración, sacramentos, ayuno. No debe descuidarse.
DISPOSICIÓN: Tiempo, cosas, capacidades, etc.
SENCILLEZ: Que no sea una persona racionalista sino abierta alas maravillas del Señor.
SED DE APRENDER: Una persona sedienta de aprender cosas que le ayuden en su ministerio: acudir a información sobre medicina, psicología, sanación, conformación y funcionamiento del organismo, estudios sobre la conducta humana, etc.
F. Cómo orar en el Ministerio de Sanación
Jesús depende de ti, no de tu habilidad sino de tu disponibilidad. Tu pobreza espiritual no debe causarte alarma, sino más bien aumentar tu confianza y dependencia del Señor.
Pedirle que te purifique con su sangre preciosa de todos tus pecados y egoísmos para que puedas ser un instrumento eficaz.
Pedirle que te colme de su presencia hasta que sea Jesús quien piense con tu mente, mire a través de tus ojos, escuche con tus oídos y hable con tu voz; quesea Jesús quien ame desde tu corazón, bendiga y sane con tus manos.
Pedirle que aumente nuestra fe, la del enfermo y la de quienes lo acompañan.
Pedir discernimiento.
No improvisar la oración.
Recordar que somos siervos inútiles, que queremos glorificar al Señor a través de nuestro servicio.
Cuando el Señor llama a alguien a una misión, le envía equipado con Su gracia y dones de su Espíritu.
A veces el Señor se vale de los carismas y otras de algo más precioso: el amor, la unión y la armonía del grupo orante. Según el padre E. Tardiff, la primera cualidad de un Ministerio de Sanación es el amor y la compasión por el dolor ajeno.
Como en todo equipo, cada uno tiene una tarea, la cual el Señor nos va delegando a cada uno: uno dirige la oración, otro intercede, otro impone manos, etc. Para ello, debemos orar y compartir como equipo.
No debemos presentarnos como personas extraordinarias, ni hacer promesas de curaciones inmediatas y totales.
Evangelizar – catequizar al enfermo y a su familia: es Dios que lo ama actuando, sanándolo.
Orar unos por otros una vez finalizada la oración por el/los enfermo/s.
G. Cómo sanaba Jesús
Imposición de manos: Lc4, 40;Mc1, 40
Contacto especial con órganos: Mc7, 32
Contacto con su manto: Mc6, 53
Unción con aceite (apóstoles):Stg5, 14–15;Mc6, 12–13
Manda alejarse a la enfermedad: Lc4, 38–39


Preguntas para el Taller:
¿En cuánto ayuda una adecuada formación a quien integra el Ministerio de Sanación? Menciona algunos casos concretos.

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